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Extraños en la noche





El sol comenzaba a ocultarse dando paso a la fría noche. Aun con tan poca luz podía ver esforzando la vista el salón de Quexal coronando una colina; le llevaría lo que quedaba del día y la noche alcanzar la casa de su señor; toda una hazaña teniendo en cuenta lo exhausto que estaba, por lo que decidió pernoctar en unas ruinas de las que solo quedaban tres bloques enormes de piedra desgastadas y recubiertas de musgo.

Solo dos se mantenían erguidas, En un tiempo remoto formaron parte de una construcción mas amplia; se creía que había sido erigido por una raza legendaria de gigantes, dedicado a algún tipo de deidad, cuando la tierra aun era joven.

Ahora solo servia como punto de encuentro para trasgos, hadas, druidas y aquelarres de brujas.

Xelaz aun siendo sabedor de que clase de seres frecuentaban las ruinas por las noches ”y a decir verdad no tenia nada en contra de estas criaturas y sus quehaceres” decidió descansar en ellas pues ofrecían una buena protección contra el viento.

Lo primero que hizo fue encender un fuego para mantenerse caliente y tener alejadas a las alimañas; poso su lanza y caetra en el suelo cerca de el, No hizo lo mismo con su espada corta y la almilla de cuero, no al menos en plena noche y en un lugar lleno de poder como aquel.

Acomodó la espalda contra la piedra. Saco un trozo de pan duro y coloco un pedazo de queso sobre el; lo arrimo al fuego para que se derritiera y dio cuenta de el con avidez, tras lo cual bebió de su odre.

Con el espíritu tranquilo y el estomago lleno; aquel lugar lejos de darle miedo, le inspiraba una paz y tranquilidad absoluta. Casi sin darse cuenta sus ojos se cerraron y el sueño de los justos se apodero de el.

Al cabo de dos horas sus ojos se abrieron, se sentía totalmente descansado, y le llamaba poderosamente la atención ver que todavía era noche cerrada.

Una fina niebla cubría el suelo y el fuego se mantenía vivo y crepitante. A Xelaz le hubiera gustado creer que su rostro se mantenía serio y que conservaba la compostura, pero quien podía mantenerla al ver el ser pequeño, giboso, de orejas puntiagudas y ojos saltones que mantenía vivo el fuego, atizando las ramas secas y echando más al montón.

Xelaz se recostó e intento borrar su expresión estúpida de la cara, procuro actuar con naturalidad; o al menos con toda la naturalidad que se podía en una situación semejante.

El ser actuaba con indiferencia como si Xelaz no se encontrara allí. Xelaz se obligo a si mismo a hablar con el extraño acompañante nocturno.

-Buena noche señor,¿tiene hambre o sed?¿gusta de comer queso?.

El ser lo miro de hito en hito y casi con pesadez le respondió.

-¿Sabes algo de Gudrid o Finegas?-El extraño suspiro y tras una pausa siguió hablando-quede con ellos aquí hará tres años y salta a la vista que no eres ni uno ni otro, a no ser que un hada aburrida te hubiera echo blanco de sus juegos y convertido en humano-El ser esta vez bostezó y estiró sus peludos pies.

-Siento no poder seros de ayuda, pues no conozco ni a uno ni otro, y a decir verdad es la primera vez… que veo a alguien como vos, si usted me entiende-Xelaz aun no podía dar por real la presencia de su inesperado acompañante.

-Pues yo no es la primera vez que veo un humano, cierto es que habéis cambiado mucho desde vuestra primera aparición, y aun después de tanto tiempo seguís ignorando la presencia de los primeros pobladores. Aunque no es menos cierto que en ocasiones ambos mundos se entremezclan, y para ser honestos, los episodios de hadas mezclándose con humanos, dando lugar a híbridos bastardos, son innumerables en comparación con el resto de razas primigenias-Tras este ultimo comentario soltó una sonora carcajada y miro de soslayo a su derecha-¿No estas de acuerdo conmigo Wisna?.

De la espesura apareció una figura femenina, hermosa hasta la locura, de piel olivácea y cabellos verdes.

Y para colmo un hada, bellas y de poderes aterradores pensó Xelaz.

Todo el mundo conocía su fama de personalidad cambiante y carácter caprichoso. Xelaz se apresuro a ser cortes con el hada; sabia que debía serlo si no quería volver a casa con nariz de cerdo, patas de chivo o hacerle bailar hasta caer muerto.

-Buena noche mi señora, siento no poder ofrecerle nada que este a su altura, en cualquier caso si puedo serle de ayuda estoy a vuestro servicio.

El ser de ojos saltones rió socarronamente y meneo la cabeza incrédulo ante lo que acababa de oír. Xelaz desconocía que hay que escoger muy bien las palabras que usas al dirigirte a un hada, pues si les conviene pueden tomar las cortesías al pie de la letra.

El hada se acerco y se arrodillo frene a el, observando con expresión divertida el rostro lleno de incredulidad de Xelaz.

Wisna extrajo un odre que llevaba a la cintura y se lo ofreció al humano titubeante que tenia delante. Xelaz lo acepto y bebió.

Su corazón comenzó a acelerarse; seguido de un calor y deseo irrefrenable de quitarse la ropa.

El hada se desnudo y lo llevo de la mano hacia la hoguera, donde empezaron a moverse al ritmo de una música de procedencia desconocida.

Xelaz observaba la escena como si se tratara de un sueño. Pudo distinguir al ser jorobado charlando animadamente y bebiendo con otros dos de idéntico aspecto, que bien podría tratarse de los dos amigos que esperaba.

Brujas, druidas, trasgos, gnomos y mas hadas emergieron de la niebla.

Un grupo de druidas discutían en un claro; trasgos y gnomos cantaban, bailaban y comían. Brujas y hadas ambas desnudas por igual bailaban alrededor de la hoguera, mientras algunas yacían en el suelo con humanos traídos de la mano por ellas mismas.

Y muchos otros hechos increíbles de aquella noche pasaron inadvertidos para Xelaz, pues solo tenía ojos para Wisna y su baile, un baile que lo hechizaba, lo embriagaba y atraía a partes iguales. Su corazón al igual que todo su cuerpo solo respondía ante el deseo que despertaba en el la figura y rostro feérico de Wisna .

Ambos yacieron juntos toda la noche, rodeados de magia y envueltos en el fino velo que separa ambos mundos.